lunes, 26 de diciembre de 2011

Hyukjae

—Junsu, deja eso. Jaejoong nos va a regañar.
—No, no nos va a regañar si no le dices.
—No quiero decirle, por eso déjalo ya.
—Tócalo tú misma Dita, mira es viscoso y suavecito.
— ¡Es verdad!
— ¿Qué hacen?
—Sacando gusanos de la tierra —la niña respondió sin miramientos, sin cuestionarse siquiera el poder negar la respuesta.
— ¿Y tu quien eres? —preguntó el niño, más reacio al intruso.
Ambos, en cuclillas, se inclinaron hacia el chico nuevo: Una lo observaba con curiosidad, el otro estaba atrapado en la redondez de la pelota de soccer que sostenía.
—Me llamo Hyukjae, ¿Y tu cómo te llamas?
—Yo Junsu, y ella es mi hermana Kurumi. ¿Traes el balón para jugar? —los niños no saben de rodeos, por eso todo lo dicen siempre muy directo, sobre todo los niños que saben lo que quieren, como lo era Junsu.
—Si ¿Sabes jugar?
—Junsu es muy bueno en el futbol —aclaró la pequeña poniéndose de pie, seguida de su hermano.
—Entonces hay que jugar ¿juegas Kurumi?
—A ella le gusta ver —respondió su hermano por ella.
—No sé si Jaejoong oppa nos dejaría.
— ¿Quién es Jaejoong?
—Es mi hermano mayor —respondió Junsu resuelto, ansiando el momento del partido improvisado.
— ¡Junsu! —Exclamó Kurumi, dándole un codazo con sutileza a su hermano —¿Qué nos ha enseñado Jaejoong? No puedes decir mí hermano, debes decir nuestro hermano.
—Tienes razón —le cedió el chico, pues ellos no acostumbraban discutir.
De pronto, un niño (porque aun estaba entre los doce y trece años) se acercó a ellos revisando su reloj.
— ¡Niños ya vine! Es hora de irnos.
—Jaejoong hyung, ¿Nos dejarías quedarnos un rato más? Prometo no ensuciarme demasiado.
—Ensuciarnos Junsu —lo corrigió la niña con ingenuidad.
—No, esta vez lo dijo bien, Dita ¿Por qué quieres quedarte, Junsu?
—Quiero jugar con mi nuevo amigo Hyukjae ¿Me dejas, si?
— ¿Y vas a dejar a Dita sola de nuevo Junsu?
El niño lo medito un rato, sacando el labio inferior mientras contemplaba con su inocente mente todas las posibilidades, el no quería tener que dejar sola a su hermana, pero ansiaba tanto jugar futbol. En ese momento su hermana salió a rescatarlo de la situación tan difícil.
—Déjalos que jueguen, Jae oppa. Yo me quedaré muy quietecita viéndolos jugar.
Al mayor le enterneció la muestra de solidaridad que había mostrado su hermanita, probablemente sin darse cuenta lo que hacía, así que asintió con la cabeza y ambos chicos.
La pequeña corrió a la banca más próxima para ver jugar a los varones, sentándose su superior a un lado de ella.
— ¿No es Hyukjae muy lindo, Jae oppa?
El comentario tomó por asalto a Jaejoong, quien tuvo que voltear a ver a su hermana, sorprendido.
—Creo que seremos buenos amigos de ahora en adelante —aclaró mientras se recostaba en el respaldo de la banca.
Jaejoong asintió en silencio, sus hermanos menores eran todo un misterio para él, esperaba algún día poder comprender su compleja cabecita.

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